Lourdes Oñederra

Lourdes Oñederra
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'Los textos de Lourdes Oñederra (...) juegan con las miradas y los silencios que rodean a sus personajes. Y esas miradas significan deseo en los textos narrativos de Oñederra: la novela Y la serpiente dijo a la mujer (Bassarai, 2000) y el cuento que presentamos en esta antología, «El capricho de la señora Anderson». La cita de Doris Lessing y su Love, again inician el relato del deseo inconfesado de esa señora de edad que no duda en permitirse un pequeño capricho al inicio de cada primavera. El universo narrativo de Oñederra juega con miradas, con interrupciones y repeticiones que marcan el ritmo narrativo, descripciones que derrochan sensualidad..., pero, ante todo, con silencios que buscan la complicidad del lector.'

M. J. Olaziregi, 2005, Prólogo in, Pintxos. Nuevos cuentos vascos, Lengua de Trapo, Madrid.

Mi primer contacto consciente y voluntario con la literatura tuvo lugar siendo aún estudiante de Filología Hispánica, cuando, para el curso de Txuma Lasagabaster y a propuesta de mi compañero Gotzon Egia, hice un trabajo sobre la novela Ehun Metro. Aquel trabajo se convirtió luego en epílogo de esa novela de Ramón Saizarbitoria. Fue, claro, la época en la que conocí a Ramón y su entorno literario, la época de la revista Oh, Euzkadi y otras muchas ebulliciones. Debo a aquel entonces y, sobre todo, a Ramón el haber pasado de escribir a creer que, además, debía hacerlo.

También las reseñas semanales de literatura para la revista Ere, con Andu Lertxundi de jefe, pertenecen al periodo de la carrera. Luego hay otra cosa que ocurrió no sé exactamente en qué momento, pero, para cuando en 1980 me fui a Estados Unidos a hacer un máster en Lingüística, ya tenía claro que no quería analizar la literatura nunca más. Ya estaba asustada: temía que, si seguía analizándola, se me gastaría ese no-sé-qué que, desde pequeñita, me había hecho poner las cosas en palabras y las palabras en papel. Desde entonces, he dedicado la mayor parte de mi horario profesional, y algo más, a la investigación y docencia de la fonología. De vez en cuando, he escrito en Egunkaria, Argia, Diario de Álava y en Hika sobre esto y aquello (frecuentemente sobre nuestro ahora, el idioma, nuestra situación).

Hay, sin embargo, rendijas por las que se me cuelan otras cosas y, cuando me tomo en serio alguna de ellas, salen historias. Así escribí, peleándomela a lo largo de muchos años, la novela ... Eta sugeak emakumeari esan zion, 1999 (Y la serpiente dijo a la mujer, 2000). Como gustó y tuvo éxito, me animé a publicar los cuentos Anderson anderearen kutixia (El capricho de la Señora Anderson) y «Beranduegi», y alguna que otra colaboración para revistas y publicaciones diversas.

Ahora, irremediablemente, mis trabajos de fonología me llevan a investigar el ritmo de la lengua. Vuelvo, pues, a rozar el terreno literario que tan celosamente he querido no tocar en mi vida profesional.












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